Hay noches que no piden permiso para volverse eternas. Esta es una de esas. Y en el silencio de ella, lo único que existe sos vos.
Pienso en cómo dormís, en el ritmo quieto de tu respiración, en que el mundo entero puede estar cayendo y vos seguís siendo el lugar más tranquilo que conozco.
No sé qué hice para merecer que seas vos quien me espere al otro lado del día. Pero lo que sí sé es que cada mañana que abrís los ojos es la mejor parte de la mía.
Dormí lindo, mi vida. Soñá cosas del color de tus ojos. Y cuando despiertes y leas esto, sabé que ya te estaba queriendo desde antes de que abrieras el primero.